FICCIÓNMiscelánea

Olivia

18 febrero, 2019 — 2

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FICCIÓNMiscelánea

Olivia

18 febrero, 2019 — 2

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Se llamaba Olivia por sus ojos color aceituna, tan redondos y traslúcidos que recordaban a un par de brillantes canicas. De semblante serio, Olivia vivía en una casona de recias columnas y extensos jardines floridos. En ocasiones, cuando paseaba por los alrededores y miraba hacia la finca, podía distinguir su figura en una de las ventanas del piso inferior del edificio como una sombra extraña.

Al poco tiempo entré a trabajar en la casa. Me encargaron tareas poco gratas para el espíritu pero ello no impidió que las hiciese con gusto. Los padres eran personas generosas con el salario. La abuela era la que me asignaba los trabajos más engorrosos. Como cuando la perra, Mora, parió una decena de cachorros ciegos. Enseguida, ordenó que fueran arrojados dentro de una bolsa bien sellada al río situado  detrás de la casa.

Las crías se retorcían entre gemidos al contacto del agua helada, e intentaban, en un esfuerzo inútil, salir con desesperación. Esa misma tarde, Olivia me preguntó dónde estaban los perritos. Le dije que los habían regalado ya que muchas personas necesitaban el calor de un animal y deseaban cuidarlo como ella hacía con su mascota.

Un día, la chica y la perra desaparecieron. A esta última la hallaron flotando hinchada en el mismo río en el que se ahogaron sus crías. De Olivia, ni rastro. Sus padres se mudaron para evitar morir de tristeza y poder dejar atrás los recuerdos de su amada hija, mientras que la abuela, tras despedir a todo el servicio, se encerró durante años hasta que una tarde de otoño su cadáver apareció sepultado por toda clase de desechos.

Tras el paso de los días, la vivienda abandonada se derrumbaba en una quietud sólo quebrantada por las plantas, algunos animales curiosos y el lento transcurso de las estaciones sobre su estructura. Las enredaderas habían conquistado cada rincón, tapizando de un color verdoso las paredes. Y a pesar de ello, se seguía viendo tan imponente como en tiempos pretéritos. Pero ya no quedaba nada que recordase a la muchacha; sólo unas hojas amarillentas de alguna libreta escolar o un par de muñecas carcomidas. El pasado se quedó allí, recluido entre aquellas paredes.

Cuando el recuerdo se había difuminado en mi cabeza, Olivia, regresó. Al comienzo eran pequeñas muestras de su perpetuidad en mi memoria a través de sueños muy vívidos. Luego, todas esas imágenes evocadoras se trasladaron a la realidad de mi hogar. Primero, fueron unos golpes sordos en el piso, gemidos ahogados o arañazos en la puerta; poco a poco, fue dando muestras incuestionables de su presencia y las supuestas ilusiones de mi mente se convirtieron en una compañía siniestra.

La sombra indolente permanecía sentada en la cama o en una silla del comedor durante horas. También se desplazaba por toda la vivienda, siguiéndome, sigilosa, a unos cuantos centímetros de mi cuerpo. Dos bolas verdes aparecían en medio del pasillo, destellando en las oquedades de las órbitas, y, durante la noche, sus dedos, tan delgados como alambres, tocaban mi cara y se deslizaban hasta el cuello para hundir sus uñas con tanta fuerza que conseguían herirme.

En una ocasión, intentó asfixiarme. En otra, torturarme imitando los sollozos atormentados de los cachorros cuando perecieron en el río. Y, entre susurros, me pedía que la buscase en el rostro de otras jóvenes. Aquellos ojos verdes… Olivia había vuelto para quedarse; o quizás es que nunca se había ido.

Su presencia me fascinaba y aterraba con igual intensidad; ella siempre me dominó poderosamente. Incluso después de muerta cuando, cada cierto tiempo, visitaba el cuerpo escondido: tan corrompido, tan cadavérico que ya no me apetecía tocarla.

 

M.

2 comentarios

  • Hal Incandenza

    19 febrero, 2019 a 00:38

    No está mal.
    Hay algún que otro error, alguna coma suelta por ahí, pero nada realmente importante: en general, el texto está bien ejecutado.

    Eso sí, pienso que mejoraría bastante al extenderlo un pelín más. Sólo es un consejo, por decir algo. Los acontecimientos tal como están narrado ocurren demasiado rápidamente para mi gusto.

    Por ejemplo, en el relato todo va bien hasta la primera frase del cuarto párrafo, que dice: «Un día, la chica y la perra desaparecieron». Así, de repente, sin construir tensión, sin ningún otro párrafo de apoyo, me resultó muy precipitado.

    De todas formas, reitero lo dicho. Buen trabajo.

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    • M.

      21 febrero, 2019 a 00:12

      Muchas gracias por el comentario. Apunto tu consejo para la próxima. 😉

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