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La «tubosidad» de los seres

5 diciembre, 2018 — 1

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La «tubosidad» de los seres

5 diciembre, 2018 — 1

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Es Metafísica de los tubos de la belga Amélie Nothomb, un libro un tanto atípico que seduce por su originalidad. En esta autobiografía novelada, de la que desconocemos dónde comienza la biografía y dónde termina la fábula, la autora narra las vivencias de su yo-niña durante sus tres primeros años de vida.Es Metafísica de los tubos un tierno homenaje a la primera infancia como el estado más puro por el que transita el ser humano. 

Nothomb, se desliza, con aguda lucidez y a través de una prosa poética e inteligente, entre temas tan relevantes como la muerte, el amor o el lenguaje, expresados en frases (casi aforismos) merecedoras de ser marcadas para volver a ser leídas.

Y es que la muerte, como una madriguera, como una habitación con las persianas bajadas, como la soledad, es a la vez terrible y tentadora: uno siente que podría sentirse bien con ella.

Así mismo, la autora hilvana con pericia, a través de las casi ciento cincuenta páginas que conforman esta novela, la insólita metáfora de ser un simple tubo reducido a las funciones elementales de ingestión de alimentos y excreción de desechos. Y es que, a pesar de su corta edad, su protagonista posee unas capacidades intelectuales poco comunes. Saber o deducir este hecho le otorga veracidad a la historia y nos ayuda a no descarrilar en su lectura.

Amélie se convierte en un tubo como consecuencia de un complicado parto. En un ser inmóvil e imperturbable ante cualquier estímulo externo a lo largo de dos años y decide por este extraordinario hecho concederse el título de Dios omnipotente.

¿Es un tubo? ¿Es el mismísimo Dios? Amélie lo tiene claro.

Existe una metafísica de los tubos. (…) los tubos son una singular mezcla de plenitud y vacío, de materia hueca, una membrana de existencia que protege un haz de inexistencia. (…) Dios poseía la flexibilidad de la manguera, pero seguía siendo rígido e inerte, confirmando así su naturaleza de tubo.

Más adelante, debido a una circunstancia tan accidental como lo es la propia evolución, la niña es expulsada de su inusual letargo dando comienzo a la vida propiamente dicha. Tal es su frustración, ante este descubrimiento, que no cabe otra posibilidad más que la de manifestar su oposición a través de un enloquecido llanto.

La pequeña Amélie ojiplática ante lo que se le avecina.

Transcurridas algunas horas, dejó de gritar, pero sus ojos seguían negros de rabia. Le dedicó una mirada de enorme enfado a la humanidad que la rodeaba.

Hasta que, por obra y arte de su abuela paterna, descubre el placer de una barra de chocolate blanco belga que se deshace lentamente en su boca. Y considera, con rotundidad, que por aquello sí merece la pena vivir.

El placer da sentido a su existencia.

Mi abuela me había llenado la boca de azúcar: de repente, el animal furioso había comprendido que existía una justificación a tanto aburrimiento, que el cuerpo y el espíritu servían para gozar (…).

Entonces, Amélie toma la decisión de ser japonesa. Altiva, divinizada por su propio ego y por su entorno, en parte debido a la distinción con la que se trata a los infantes en Japón, el tubo se convierte en una minúscula emperatriz nipona en un reino rodeada de voluptuosas flores del jardín y mimos de su niñera que la colman de felicidad.

Entorno idílico donde florecer cual azalea.

Una alteza real de la dinastía de su casa que nos describe con mucho humor e ironía lo que ella vive y describe a través de los ojos de un ser apenas estrenado en este mundo: la relación con el chocolate, con su padre, con su amorosa niñera, con la odiosa empleada, con sus hermanos, con las carpas del estanque y, sobre todo, con el agua.

Y es este último elemento, el agua, el que tendrá mayor relevancia en gran parte de la novela, aludiendo, de nuevo, con ella, a la tubosidad de los seres.

Las carpas-tubo, coprotagonistas indirectas del relato.

Es esta obra una lección de filosofía a golpe de ironía y rabia, de exagerado cinismo, salpicada con brochazos de realismo mágico posmoderno y detalles macabros, certera y poseedora de una caustica singularidad.

Porque la literatura de la Nothomb se compone de múltiples ingredientes que remueven los circuitos más primitivos y sacuden el bagaje emocional sin demasiados remordimientos. Y es esta misma premisa, descarnada y sin condimentos, la que subyace en Metafísica de los tubos.

Portada de Metafísica de los tubos de Amélie Nothomb

Yo me encuentro atrapada en la telaraña tejida por el universo nothombiano y muy dispuesta a seguir envuelta en sus hilos aun a costa de terminar asfixiándome entre sus contundentes párrafos.

Por mi parte, vendrán más títulos.

TÍTULO Metafísica de los tubos
AUTOR Amélie Nothomb
EDITORIAL Anagrama
COLECCIÓN Compactos
PÁGINAS 144
TRADUCCIÓN Sergi Beltrán
ISBN 978-84-339-7719-9
PUBLICACIÓN Enero 2013

 

M.

Un comentario

  • S.

    9 diciembre, 2018 a 04:22

    Me encantan los libros de Amélie Nothomb

    Responder

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